José Giral Pereira

Por Javier Puerto

Por una casualidad, en apenas unos días, han aparecido dos libros míos. Del relativo a los medicamentos fantásticos les di cuenta el mes pasado. Éste he de referirme a: Ciencia y política. José Giral Pereira (Santiago de Cuba, 1879-México D.F. 1962) editado por la Real Academia de la Historia y el BOE. Se trata de un amplísimo libro (unas 900 páginas) en donde hago una descripción exhaustiva de su peripecia vital. José Giral es el farmacéutico que ha alcanzado más altas cotas en la administración pública española, pues llegó a ser Primer Ministro del Gobierno durante la II República. También un absoluto desconocido para la profesión farmacéutica y el público en general.

Hijo de un telegrafista español emigrado en Cuba, a la muerte de su madre, fue enviado a la península para estudiar, a muy corta edad. Le educó un tío cariñoso, republicano y masón, y su amorosa tía. Estudió con grandes estrecheces económicas y enorme aprovechamiento académico. Se hizo farmacéutico y químico. En su faceta profesional ejerció en una botica rural y tuvo farmacia propia en Salamanca y Madrid sucesivamente; también ejerció de analista (no sólo clínico, también químico-industrial y de aguas); fue encargado de una industria química y fabricó medicamentos con gran éxito. Tuvo puestos colegiales de responsabilidad y en el Centro Farmacéutico Nacional. En el aspecto académico llegó a Catedrático de Química orgánica en Salamanca; de Bioquímica en Madrid; Rector de la UCM; jefe de la Sección de Química del Instituto Oceanográfico español; Académico de Farmacia y de Medicina y, durante el exilio, trabajó en el Instituto Politécnico Nacional y en la UNAM, además de pertenecer a todas las asociaciones científicas del exilio y ser nombrado Doctor Honoris Causa por numerosas universidades latinoamericanas.

Como político inició Acción Republicana, luego convertido en partido, bajo la dirección de Manuel Azaña, de quien fue el amigo y ayudante más fiel. Diputado en las Cortes Constituyentes, le nombraron portavoz del partido. Ministro de Marina en dos ocasiones, fue el único en atreverse a asumir la Presidencia del Gobierno tras el golpe de Estado franquista. Cuando le sustituyó Largo Caballero, permaneció como Ministro sin cartera, encargado de los canjes de prisioneros y, durante el Gobierno de Negrín, fue Ministro de Estado un corto periodo. Se exilió en Francia, con Azaña. Cuando éste dimitió, reunió a su familia y emigró a México. Allí, tras el fin de la II Guerra Mundial, fue elegido Presidente del Gobierno de la República en el exilio. Logró evitar la entrada de la España franquista en la ONU, y consiguió la retirada de embajadores, pero no el reconocimiento de su gobierno. Dimitió y continuó su lucha antifranquista desde el Movimiento por la Paz. Cuando se permitió el acceso de los franquistas a las instituciones de la ONU, dejó cualquier actividad política.

Si Negrín tiene varios estudios monográficos, no hay razón alguna para que Giral no tuviera el suyo.La investigación, sin embargo, no ha sido plácida. Me ha vuelto a poner en contacto con el enfrentamiento fratricida más intenso del pasado siglo y nadie sale indemne de una exposición prolongada a la ignominia.

En la actualidad, algunos pretender reivindicar como gloriosa esa época. Uno siente envidia de los alemanes, quienes consideran un horror y una afrenta colectiva el periodo nazi. Algo así deberíamos sentir nosotros y referido no únicamente al franquismo.

La Guerra Civil fue una vergüenza y espero que mi libro abunde en la reconciliación, no en la exégesis de nada ni de nadie. Giral tuvo una intensísima vida profesional y científica. Solía decir: la ciencia me ha dado una cierta fama, la farmacia, dinero y la política, desazones y desgracias.

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Javier Puerto

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